
miércoles, 30 de noviembre de 2011
La Música, por Máximo ETCHECOPAR

jueves, 11 de agosto de 2011
Ella (En Amaicha), de Carlos Alvarado

Viajo a Amaicha a encontrarla.
Me aguarda en la montaña, sola, enhiesta,
¡Hembra Américana!
Guagua entre las manos.
su mirada me acierta,
dardos de espinas de cardos.
Intento fijarla y se me escapa,
ya no es ella, ahora xérofila,
brilla en su aura de janas.
La grandeza se precipita acelerada.
edito mal las imágenes,
compagino mal los encuadres.
La reencuentro en la plaza,
caja en mano,
cantando coplas
topándose entre polleras
en ese Jueves de comadres.
La escucho mascullar su acullico de sueños,
palabras me receta desde el fondo de su apacheta.
Camino... y ... madre verde en una esquina,
cuando no, derramándote junto al agua.
La busco de nuevo,
fugaz,
maestra, poeta y funcionaria...
me habla con la franqueza de la humana,
Amaicha,
como hermana,
como amada.
Joijoliando un nombre, su nombre
y el de ellas, todas,
La Tierra.
Serpiente entre las piedras,
vientres redondos
percutiendo como cajas...
Ampimpa,
Amaicha,
domingo, 27 de febrero de 2011
Desde el fondo a la luz y las sustancias, de Gabriel REVOLLO

es que yo te quiero, paulatina,
tú que eres fuerte cómo la castigada América,
fría, dura, alta cómo la tierra de La Paz,
pequeña, húmeda en los jugos del verano.
El color cetrino de tu cabello fue exprimido
de la sangre del carbón que trabaja el hombre
y el rosa de tus uñas es nutrido cereal,
cáscara de diminuto corazón y tacto.
Tú no eras delfín varado o yo náufrago
o capitán amante de las galletas marineras,
pero te encontré en un mar de palomas
y, de todas, te escogí a ti, sirena de arrecife,
ola, espuma, ala última, hija del rocío
sumergida en atmósferas de perfume
como un barco dormido en el fondo del corazón.
Perdona que deje flores de Gabriel REVOLLO

en todas las ventanas del mundo
y el sueño,
menos en la tuya:
porque allí sucede
la siempre primavera ardiendo
como una estrella verde
donde minúsculos hombrecillos
empujan la sabia agraz
hacia el perenne recodo de los aromas
increíbles que giran
como pétalos de una rosa desarmada
en un torbellino de vino azul.
Es tu ventana envidia
de ecologistas y herboristas.
No podría la fertilidad de la tierra
tan siquiera
abarcarla.
Porque es allí donde tú:
sombría, selvática, hermosa
ves por primera vez el día
y lo enciendes
con tus ojos ferruginosos.
***
Poema inédito en especial para este blog, todos los derechos reservados por su autor; © Carlos Gabriel Revollo, 2011.
Dádivas a padre, de Gabriel REVOLLO

la voz demasiado oscura, el higo
último de mi génesis,
la rama oculta tras la niebla,
lo que cae del sueño de los ahorcados.
El gorrión de la casa de la edad,
el antojo de los mercaderes.
Las hojas débiles del gris:
esa materia que nos muere,
ése amor callado, inequívoco.
Yo tengo tus ojos,
éste perro demasiado gritado.
Señor, es la estirpe en el miedo de tu serpiente.
No te buscaré en espejos.
Y la sangre, el golpe seco
de tus piedras en el muro de los vientos.
Señor, subí solo la escalera,
me até los cordones,
soy tu niño bueno,
el escupido mocoso que te vio llorar,
por favor, decíme que estás orgulloso,
que lo hice bien
aunque esté sangrando,
arrancándome los cabellos,
y mis ojos lloren lentas lágrimas de tierra,
de vergüenza a medio morir.
domingo, 23 de enero de 2011
Visiones de Amaicha del Valle, de Gustavo BRAVO FIGUEROA

Como siempre, el silencio
pone distancia entre los hombres.
En Amaicha del Valle
las puertas y ventanas
permanecen cerradas para ocultar los ruidos.
*
Ni los ríos llevan agua por no quebrar silencios,
Mejor blog de Poesía 2008
Premio 34ª Feria del Libro, 2008