domingo, 27 de febrero de 2011

Dádivas a padre, de Gabriel REVOLLO

Hacia vos, el desnudo sentido,
la voz demasiado oscura, el higo
último de mi génesis,
la rama oculta tras la niebla,
lo que cae del sueño de los ahorcados.


El gorrión de la casa de la edad,
el antojo de los mercaderes.
Las hojas débiles del gris:
esa materia que nos muere,
ése amor callado, inequívoco.


Yo tengo tus ojos,
éste perro demasiado gritado.


Señor, es la estirpe en el miedo de tu serpiente.
No te buscaré en espejos.


Y la sangre, el golpe seco
de tus piedras en el muro de los vientos.


Señor, subí solo la escalera,
me até los cordones,
soy tu niño bueno,
el escupido mocoso que te vio llorar,
por favor, decíme que estás orgulloso,
que lo hice bien
aunque esté sangrando,
arrancándome los cabellos,
y mis ojos lloren lentas lágrimas de tierra,
de vergüenza a medio morir.
***
Poema inédito en especial para este blog. Todos los derechos reservados por su autor, © Carlos Gabriel Revollo, 2011.

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