viernes, 12 de septiembre de 2008

Rapsodia del quebracho volteado, de Ricardo Rojas

A la orilla del camino
levantándose corpulento,
el tronco alto, duro,
de follaje fresco.

—¡Lindo quebracho!
Decían al verlo,
descansando a su sombra
los que iban al pueblo.

No pudieron voltearlo
ni el sacudón del furibundo viento
ni aquel inicuo rayo
que le partió una vez el pecho.

Pero un día llegaron al pago
unos forasteros
que con aviesas máquinas
al quebracho vencieron.

Por el pie lo aserraron
en inverso degüello,
y pareció venirse abajo
una columna del tiempo.

Los pájaros volaron
espantados al cielo...
y los criollos sollozaban
como ante un abuelo muerto.

En el rugoso tronco le encontraron
suave, una flor del aire, y en el hueco
que le abriera aquel rayo,
un gran panal de miel, dulce y secreto.

¡Lindo quebracho! Semejaba
carne de toro el pecho,
y había miel y flores en su entraña
como en el corazón de un hombre bueno.

¡Oh, lección misteriosa,
la de este cuento,
la aprendí en mi terruño,
libro de Dios, abierto.

De Ricardo Rojas (1882-1957), La Victoria del hombre y otros cantos, Buenos Aires, Editorial Losada, 1951, p. 368-369.

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