miércoles, 20 de agosto de 2008

Teclas Negras, de María Elisa Gallo

Extraído del prefacio del libro de poesía: Teclas Negras de María Elisa Gallo, Lucio Piérola Ediciones, Yerba Buena, Tucumán, 2008.

Por momentos encuentro el talento de esa “cantora nocturna” [que fue Alejandra Pizarnik] en las páginas de María Elisa Gallo.
[...]
María Elisa Gallo nos sumerge en un ritmo de marejadas a la simple vista de sus poemas, los que cobran vida desde la forma misma. Ella escribe Teclas negras y al hacerlo también percute teclas blancas, dándonos así los tonos y semitonos de su partitura. Las teclas negras son también bemoles; y en sentido figurado, tener bemoles es tener a algo por grave o dificultoso. María Elisa ha elegido muy bien su título para hacer tañir las cuerdas de los temas graves: La palabra, El agua, El silencio, El espíritu. Las cuatro partes de su libro, que fragmentadas no se aislan, si no más bien entran en un diálogo conmovedor.
María Elisa me previene, diciéndome algo asi como: Mi poesía es algo aterciopelada, tornasolada, por momentos roja como la vida y por momentos negra como el sueño. Al leerla diviso a la tucumana “acantilada”, caminando a puntillas sobre un “sembradío de cerezas negras”, “escal[ando] el muro de [su] escritura con pétalos de agua inmóvil”.
Allí está ella, cuestionando a los viejos ídolos, al señor de los paradigmas, al de la gramática, al de las formas, al del nombre del padre.
[...]
Nos dice Derrida que “el secreto, secreta”, justamente en esta poesía hay una secreción de lo que no está dicho, y también de lo silenciado que nos permite acercarnos al pensamiento sutil de la poeta que deconstruye para mejor construir.
Pero a diferencia de Pizarnik, “la oscuridad verbal ilumina el canto” nos dice María Elisa; intuyo en su poesía esa puerta entreabierta que pareció no encontrar Alejandra.
Estas teclas negras nos ponen de frente con la palabra poética, hay en este trabajo una seria reflexión sobre este sujeto mayor de la poesía. El poeta que no ha reflexionado sobre la palabra poética y sobre los silencios que le oponen resistencia, camina a tientas, inseguro como un ciego primerizo, vacilante por senderos escabrosos.
La cuidada poesía, en el fondo y en la forma, donde María Elisa Gallo pone el alma pero también el cuerpo, nos arrebata con la fuerza vertiginosa de los torbellinos. Esta primera obra es ya en sí misma toda una consagración. El tiempo y su futuro trabajo (el cual sé sesudo) ubicaran a María Elisa Gallo entre las preferidas musas de los argentinos. Quiero cerrar esta lectura con versos de María Elisa:


“Las palabras no manan del silencio
sino del pequeñísimo temblor en mi corazón”


Carlos Alvarado

Mejor blog de Poesía 2008

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