jueves, 12 de noviembre de 2015
Poesía tucumana al teatro, Leonor García Hernando. Febrero 2016
Leonor García Hernando, Poeta Tucumana
blanca en contraste con la boca pintada -No deberíamos
acercarnos a objetos tan nítidos
envuelta la garganta por un extenso
pañuelo de gasa, todo rostro es más plácido y se esfuma
como una lancha en esa agua extrema donde el cielo deja
de fluir
una taza un sobre en el que la lengua impone un
poder; las uñas esmaltadas de rojo y tres desnudas
cebollas en el mármol
Mejor estar callada mientras la fiebre una las sienes con
grasa de ciervo
mejor esperar a que las hojas del nogal apacigüen el sende-
ro de piedras rojas. Parques con una pálida herida de
mármol pierden su agua rara, lastimosa hundimientos
en la frondosa oscuridad.
Zonas que no conocen piedad.
lunes, 31 de agosto de 2015
La poesía en Tucumán, 1972
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| Alberto Molina Bry y YUNQUE |
miércoles, 18 de febrero de 2015
Las Dos Nadas, poema de Ricardo R. CASTERAN
equilibrio inestable de partículas,
éramos nada, ni siquiera sombras,
antes del gesto que nos concebía.
Y a nada individual pueden llevarnos
los manantiales turbios de la vida:
con ojos mortales, por un tiempo,
vemos el sol, la frágil luz del día,
y hallan los pies la tierra que, muy pronto,
vendrá a cegar nuestras expectativas.
Un poco de conciencia entre dos nadas:
tal lo que encierra la sabiduría.
La nada nos precede y nos retira
del duro hacer, de la perpleja vía
del existir, de los insomnes ojos,
del estupor de tantas agonías.
Por la nada bregamos lo que somos,
vueltos en cuerpo y alma a la ceniza.
Cuando ella nos recobre, dispensándonos
Publicado en LA GACETA, 21/2/2010
sábado, 19 de julio de 2014
Poesía de Mónica CAZÓN, poeta tucumana, 2014
He conocido la desesperación por los medicamentos
y las agujas impecables.
Las horas malgastadas de dolor.
Toda la inmaculada lavandina en las almohadas
y el iodo levitando en los pasillos.
He amanecido rogando que amanezca.
El ritual de los objetos, y un cuadro arrobador
mesa de luz, palangana y jarra. Muy pocas veces una flor.
Casi invisible
ha regresado a mí tu voz
para mezclarse con las horas
para pedirme una vez más que vigile tus noches,
porque esos individuos de blanco
sólo escuchan el timbre de los muertos.
haciéndose dueños de los techos.
Me gustan los ventanales
donde nada se aprecia, los gatos nomás
las huellas de la gente,
y la vulgar coartada de un milagro frágil
sobre los ojos, y las camas.
Me gusta saber que estas allí, del otro lado
aunque a tus brazos lo sostengan las agujas
y mi amor humano mienta.
Hacen días maravillosos, madre,
y el de la cama 21
ya domesticó su silla de ruedas.
De seguir esto así, nadie descansará en paz.
martes, 29 de octubre de 2013
Pequeño Gesto, de Carlos Alvarado
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| Durazneros en flor |
Pequeño
Gesto
viernes, 3 de mayo de 2013
Mi llavero de Tucumán, poesía de Carlos Alvarado
lunes, 10 de septiembre de 2012
La Lorenza sola, poema de Carlos Alvarado
miércoles, 15 de agosto de 2012
En esta misma casa, de Inés Aráoz
sábado, 16 de junio de 2012
Villa Nougués, de Carlos Alvarado
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| Agua en los Agapantos |
domingo, 22 de abril de 2012
Festival de Poesía en Tucumán, 20/04/2012
miércoles, 30 de noviembre de 2011
La Música, por Máximo ETCHECOPAR

jueves, 11 de agosto de 2011
Ella (En Amaicha), de Carlos Alvarado
Foto: Cascada El Remate, Amaicha del Valle
Viajo a Amaicha a encontrarla.
Me aguarda en la montaña, sola, enhiesta,
¡Hembra Américana!
Guagua entre las manos.
su mirada me acierta,
dardos de espinas de cardos.
Intento fijarla y se me escapa,
ya no es ella, ahora xérofila,
brilla en su aura de janas.
La grandeza se precipita acelerada.
edito mal las imágenes,
compagino mal los encuadres.
La reencuentro en la plaza,
caja en mano,
cantando coplas
topándose entre polleras
en ese Jueves de comadres.
La escucho mascullar su acullico de sueños,
palabras me receta desde el fondo de su apacheta.
Camino... y ... madre verde en una esquina,
cuando no, derramándote junto al agua.
La busco de nuevo,
fugaz,
maestra, poeta y funcionaria...
me habla con la franqueza de la humana,
Amaicha,
como hermana,
como amada.
Joijoliando un nombre, su nombre
y el de ellas, todas,
La Tierra.
Serpiente entre las piedras,
vientres redondos
percutiendo como cajas...
Ampimpa,
Amaicha,
domingo, 27 de febrero de 2011
Desde el fondo a la luz y las sustancias, de Gabriel REVOLLO
es que yo te quiero, paulatina,
tú que eres fuerte cómo la castigada América,
fría, dura, alta cómo la tierra de La Paz,
pequeña, húmeda en los jugos del verano.
El color cetrino de tu cabello fue exprimido
de la sangre del carbón que trabaja el hombre
y el rosa de tus uñas es nutrido cereal,
cáscara de diminuto corazón y tacto.
Tú no eras delfín varado o yo náufrago
o capitán amante de las galletas marineras,
pero te encontré en un mar de palomas
y, de todas, te escogí a ti, sirena de arrecife,
ola, espuma, ala última, hija del rocío
sumergida en atmósferas de perfume
como un barco dormido en el fondo del corazón.
Perdona que deje flores de Gabriel REVOLLO
Perdona que deje flores para vosen todas las ventanas del mundo
y el sueño,
menos en la tuya:
porque allí sucede
la siempre primavera ardiendo
como una estrella verde
donde minúsculos hombrecillos
empujan la sabia agraz
hacia el perenne recodo de los aromas
increíbles que giran
como pétalos de una rosa desarmada
en un torbellino de vino azul.
Es tu ventana envidia
de ecologistas y herboristas.
No podría la fertilidad de la tierra
tan siquiera
abarcarla.
Porque es allí donde tú:
sombría, selvática, hermosa
ves por primera vez el día
y lo enciendes
con tus ojos ferruginosos.
***
Poema inédito en especial para este blog, todos los derechos reservados por su autor; © Carlos Gabriel Revollo, 2011.
Dádivas a padre, de Gabriel REVOLLO
la voz demasiado oscura, el higo
último de mi génesis,
la rama oculta tras la niebla,
lo que cae del sueño de los ahorcados.
El gorrión de la casa de la edad,
el antojo de los mercaderes.
Las hojas débiles del gris:
esa materia que nos muere,
ése amor callado, inequívoco.
Yo tengo tus ojos,
éste perro demasiado gritado.
Señor, es la estirpe en el miedo de tu serpiente.
No te buscaré en espejos.
Y la sangre, el golpe seco
de tus piedras en el muro de los vientos.
Señor, subí solo la escalera,
me até los cordones,
soy tu niño bueno,
el escupido mocoso que te vio llorar,
por favor, decíme que estás orgulloso,
que lo hice bien
aunque esté sangrando,
arrancándome los cabellos,
y mis ojos lloren lentas lágrimas de tierra,
de vergüenza a medio morir.
domingo, 23 de enero de 2011
Visiones de Amaicha del Valle, de Gustavo BRAVO FIGUEROA

Como siempre, el silencio
pone distancia entre los hombres.
En Amaicha del Valle
las puertas y ventanas
permanecen cerradas para ocultar los ruidos.
*
Ni los ríos llevan agua por no quebrar silencios,
jueves, 23 de diciembre de 2010
Fragmento de: Canto poema del regreso, de Alejandro GIL

Del blog de Alejandro GIL
jueves, 9 de diciembre de 2010
Poema for you, de Amira JURI
domingo, 24 de octubre de 2010
Intimo, de Ricardo GUTIERREZ
Mejor blog de Poesía 2008
Premio 34ª Feria del Libro, 2008

















