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viernes, 30 de marzo de 2018

Al naranjo callejero [de Carlos Alvarado-Larroucau]


Al naranjo callejero

Te he visto
 con celestes jazmines en las solapas
coqueteando
con nardos, glicinas y ceibos
tirándole besos a las gardenias
supervisando desde lo alto los llanos jardines.
Danzando suave un adagio acidulado.
Un primo tuyo ha muerto de pie
 con todas sus frutas puestas…
y sigues tarareando junto al viento
la agridulce tonada de la vida.
¿Soy acaso el único elegido
que mes a mes contempla tus milagros?
Cuando la lluvia te besa el follaje
y exhalas secretos de enamorados.
Cuando refrescas las tardes
de los estíos alocados.
Cuando templan las manos ateridas
tus redondas piras de fragua.
Cuando se esparce el ácido irisado
en los charcos de las veredas.
Cuando provocas a los changos
proyectil y pelota y juegos desbocados.
Alegrarte translúcido en los calderos del dulce.
Te he visto en las pequeñas y altas horas
en la sinfonía coral de pájaros y azahares
¡Te he visto…
y tengo tantas cosas que contarte!
©Carlos Alvarado-Larroucau, 2018.



viernes, 3 de mayo de 2013

Mi llavero de Tucumán, poesía de Carlos Alvarado



Mi llavero de Tucumán


Me asegura saber
 que tengo un corazón
con forma de Tucumán.
Que aferro a él las llaves
que abren tantas puertas,
las viejas, las nuevas.

Oxidadas,
las de los cofres cerrados
de los secretos,
de los olvidos.

Brillantes,
las de los ecos de las esperanzas,
tañendo bronces como campanas.

Una pequeña silueta de madera
Que presiono en el hueco de mi palma
Con el sólo afán de capturar en mi pulso
mil caballos galopando
Agolpándose en el nido de mi mano
Retumbando en la piel
Estremeciendo la carne
Y haciendo vibrar los huesos.

Un trozo de madera,
con la forma de tu tierra,
con la medida de mi corazón
palpitando sonrisas
al tintinear de las llaves.

Alvarado, Carlos, "Cuentos y poesías", en Escritores de Tucumán, siglo XXI, antología, Yerba Buena, Tucumán: Lucio Piérola Ediciones, 2008.

lunes, 10 de septiembre de 2012

La Lorenza sola, poema de Carlos Alvarado


La Lorenza sola

82 años coya solitaria en Catamarca.
4000 m de altura, Río Blanco al NE de Fiambalá.

En las manos de la Lorenza
hay un crujido de piedras que el agua rasga.
Esas manos lucen como corral de pircas
pilas de piedras donde se agrupan llamas.
Y en los resquicios,
besos de musgos,
mullidos suyos...

Su palabra se queda enredada
entre jirones y  botellas plásticas
vacías
cencerros que alejan pumas
cuando el miedo trepa y la noche zumba

Se apaschan las nubes en sus corrales
como pellones que enturbian ojos
Lorenza se sabe sola
sin hombre y sin hijo
sin el nombre de mamá.

Un largo préambulo de asombro
exige la visita, la Lorenza está sola
y se le hace duro el hablar.
Un puñado de llamas “mansitas”
la acompañan y esquilan penas
llamas de Coquena, las del trashumar.

A Pachamama, un rincón de piedras
le asigna Lorenza en su heredad,
la Madre la acompaña y la cura
 la Madre es atenta en verdad.

Se queda sola Lorenza...
Cuando canjea lo suyo
A duras penas...

y llora profundo cuando te vas…

Carlos Alvarado-Larroucau, (c) 2012. 

sábado, 16 de junio de 2012

Villa Nougués, de Carlos Alvarado

Agua en los Agapantos


Hay un aire de Pirineos
en los cerros tucumanos

Una nube, de puro floja
moja las hortensias
y brazos de enredaderas
apretujan agapantos

Un poncho de bruma
oculta mi secreto pero
hasta las piedras secretan agua
rezumo aquello que callo

Un sol de frente
atrevido
me grita ¡FORÁNEO!
¿A mí, de corazón tucumano,
a mí, de torrentes gascones?

¿No oyes en tus crestas
chasquear como azotes
azules banderas?

Mucho de mí vive en tu tierra
no en la casa si no en la poco mansa selva

Cuando la noche anónima grite tu nombre
cuando escuches pasos sin dueño en la grava
y en tus galerías
cuando las empapen las nubes sin remedio

Sabrás que ando entre tus cosas
caminando entre tus flores
entre tus piedras grises entre tus tejas rotas…

Ca

Poema inédito, en especial para este blog

jueves, 11 de agosto de 2011

Ella (En Amaicha), de Carlos Alvarado

Foto: Cascada El Remate, Amaicha del Valle

Viajo a Amaicha a encontrarla.

Me aguarda en la montaña, sola, enhiesta,

¡Hembra Américana!

Guagua entre las manos.

su mirada me acierta,

dardos de espinas de cardos.

Intento fijarla y se me escapa,

ya no es ella, ahora xérofila,

brilla en su aura de janas.

La grandeza se precipita acelerada.

edito mal las imágenes,

compagino mal los encuadres.

La reencuentro en la plaza,

caja en mano,

cantando coplas

topándose entre polleras

en ese Jueves de comadres.

La escucho mascullar su acullico de sueños,

palabras me receta desde el fondo de su apacheta.

Camino... y ... madre verde en una esquina,

cuando no, derramándote junto al agua.

La busco de nuevo,

fugaz,

maestra, poeta y funcionaria...

me habla con la franqueza de la humana,

Amaicha,

como hermana,

como amada.

Joijoliando un nombre, su nombre

y el de ellas, todas,

La Tierra.

Serpiente entre las piedras,

vientres redondos

percutiendo como cajas...

Ampimpa,

Amaicha,

Mama Tucumana.

jueves, 24 de junio de 2010

Medinas, de Carlos Alvarado

Medinas
En memoria de las niñas Nieto Almirón, niñas de la villa de Medinas

Una langosta se cristaliza en el alféizar,
escudriñando el silencio del tiempo partiendo.
Los arrozales se pliegan al capricho de los días
y dulces cañas dibujan sonrisas al pasar.

En el aire flotan jardines que ya no están.
En los ocres del día,
señoriales casonas se desmoronan
mientras los niños chillan, vienen y van.

La Negrita Curi, cicerone, en la iglesia, me cuenta la historia,
el paño del pueblo y los dichos del lugar.
Mi prima Nelly Nieto me señala el camino de mis ancestros
Y las tacuáras que delimitaban nuestra propiedad.
Palpitando, aún brillan del otro lado, como estrellas
las dalias y las rosas de doña Lila Salvatierra.

La biblioteca se pliega por falta de estantes
Décadas visitó sus salas don Ángel Bilavcik
El maestro de ojos azules, oriundo de Monteros.
Azules, los poemas de don Fausto Burgos en remolinos
también salen de allí a buscar su casa de sombra
- La de los muros de cedro
y la del techo moreno de paja de arroz,
la casita de tablas,
la de los limoneros, del jazmín en flor...
-

Hay en Medinas un cierto orgullo
una cierta dignidad
la nobleza de los tapetes raídos
que hay en los castillos y en las casas de verdad.

En Medinas cual marca de la inundación
Encuentran
los poetas, de achiras, suspiros
los maestros, aires de tizas y lápices nuevos
y el tiempo, y en sus campos, aromas de un verde despertar.
***
Poema inédito de Carlos Alvarado, en especial para este blog, 24-06-2010.

lunes, 12 de octubre de 2009

El último centauro, de Carlos Alvarado




Se muy bien
donde mueren los centauros
claudicando sobre cascos
nunca herrados

Apoyándose en la lira
bajo el pliegue de su brazo

Allí donde las rosas
son sólo maraña
zarzosa

Su último aliento
se quiebra
petrificado
en el bronce

El sueño de las niñas
sueña al ritmo
del postrer galope
del centauro

Allí donde el último
centauro cede
avanza la insensatez
de las cosas...
***
de "Poemas para una noche quieta" publicados en Espejos del Tiempo, Espejos del Alma, antología de poemas y microrelatos, obra conjunta, Yerba Buena, Tucumán, Lucio Piérola Ediciones, 2009.
-Foto: tomada por Carlos Alvarado, "El Ultimo Centauro", de Emile Antoine Bourdelle, escultura, Recoleta, Buenos Aires.-

miércoles, 3 de junio de 2009

Tiempo de Panes, de Carlos Alvarado


Tiempo de Panes

Parece que tengo un hermano panadero
y que tuve un ancestro francés y molinero
con un hijo niño polizonte en los barcos
Huérfano quieto y callado
que trajo recetas de panes y confites
todo mi país fue su batea para amasar
el pan extranjero de su alegría
De algun lado nos viene
esta inclinación blanca como el harina
estas ganas de crecer de levadura
Estos corazones de masa tierna
Estas migas que repartimos a los pollos
De algun lado viene esta esperanza de palabras nuevas
Saco del horno los dorados panes
con palas de maderas quemadas
Panes leudados de blanca espuma
Panes crujientes, y panes blandos
Panes salados. Con higos y con dátiles
Panes de pasas y panes de membrillos
Porque me he vuelto experto en temas de hogazas
saco panes nuevos para mis hermanos suaves.


Fragmento del poema "De Tiempo Tribal", Extraído del libro Con Tinta de Amapolas, Yerba Buena, Tucuman, Argentina: Lucio Piérola Ediciones, 2007.

domingo, 9 de noviembre de 2008

Pirpintos sobre las cañas, de Carlos Alvarado

¿Qué sueño de azúcar
sueñan las cañas?
*
Transportado
por pirpintos blancos
saltando y escurriéndose entre los dedos verdes
volcándose como espuma sobre los ríos torrentosos
*
Secretos sueños
dispersos
La ensoñación blanca de las cañas
Blanco pirpinto de la ilusión
*
¿Exhalación o suspiros?
*
Los dedos verdes agitan cielos
como implorando agua
devanando sueños
entretejiendo nanas
en el filo de las hojas
en los flechazos de las janas
*
Pirpintos blancos persiguen brisas
escabulléndose entre las hojas
saltando de rama en rama
allá en lo bajo, besando achiras
y allá en lo alto
entre tapices de enredaderas.
*
Pulpa de pirpintos,
Croar de las ranas,
¿Qué sueño sueñan
Las verdes cañas?
***
Pirpintos: maripositas silvestres, blancas o amarillas; Janas: espinas.
---
De Carlos Alvarado, publicado en: Escritores de Tucumán, siglo XXI; Lucio Piérola Ediciones, Tucumán, Argentina, 2008.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Teclas Negras, de María Elisa Gallo

Extraído del prefacio del libro de poesía: Teclas Negras de María Elisa Gallo, Lucio Piérola Ediciones, Yerba Buena, Tucumán, 2008.

Por momentos encuentro el talento de esa “cantora nocturna” [que fue Alejandra Pizarnik] en las páginas de María Elisa Gallo.
[...]
María Elisa Gallo nos sumerge en un ritmo de marejadas a la simple vista de sus poemas, los que cobran vida desde la forma misma. Ella escribe Teclas negras y al hacerlo también percute teclas blancas, dándonos así los tonos y semitonos de su partitura. Las teclas negras son también bemoles; y en sentido figurado, tener bemoles es tener a algo por grave o dificultoso. María Elisa ha elegido muy bien su título para hacer tañir las cuerdas de los temas graves: La palabra, El agua, El silencio, El espíritu. Las cuatro partes de su libro, que fragmentadas no se aislan, si no más bien entran en un diálogo conmovedor.
María Elisa me previene, diciéndome algo asi como: Mi poesía es algo aterciopelada, tornasolada, por momentos roja como la vida y por momentos negra como el sueño. Al leerla diviso a la tucumana “acantilada”, caminando a puntillas sobre un “sembradío de cerezas negras”, “escal[ando] el muro de [su] escritura con pétalos de agua inmóvil”.
Allí está ella, cuestionando a los viejos ídolos, al señor de los paradigmas, al de la gramática, al de las formas, al del nombre del padre.
[...]
Nos dice Derrida que “el secreto, secreta”, justamente en esta poesía hay una secreción de lo que no está dicho, y también de lo silenciado que nos permite acercarnos al pensamiento sutil de la poeta que deconstruye para mejor construir.
Pero a diferencia de Pizarnik, “la oscuridad verbal ilumina el canto” nos dice María Elisa; intuyo en su poesía esa puerta entreabierta que pareció no encontrar Alejandra.
Estas teclas negras nos ponen de frente con la palabra poética, hay en este trabajo una seria reflexión sobre este sujeto mayor de la poesía. El poeta que no ha reflexionado sobre la palabra poética y sobre los silencios que le oponen resistencia, camina a tientas, inseguro como un ciego primerizo, vacilante por senderos escabrosos.
La cuidada poesía, en el fondo y en la forma, donde María Elisa Gallo pone el alma pero también el cuerpo, nos arrebata con la fuerza vertiginosa de los torbellinos. Esta primera obra es ya en sí misma toda una consagración. El tiempo y su futuro trabajo (el cual sé sesudo) ubicaran a María Elisa Gallo entre las preferidas musas de los argentinos. Quiero cerrar esta lectura con versos de María Elisa:


“Las palabras no manan del silencio
sino del pequeñísimo temblor en mi corazón”


Carlos Alvarado

lunes, 7 de julio de 2008

Rama de Almendro, de Carlos Alvarado


*
Como las palabras no alcanzan,

y los rezos no vuelan ya,

dispuse una rama florida de almendro

donde hubo una ventana, en un vaso de cristal.
***

Poema inédito de Carlos Alvarado, en especial para este blog. ©Carlos Alvarado, 2008.
Publicado en Espejos del Tiempo, Espejos del Alma, Yerba Buena, Tucumán, Lucio Piérola Ediciones, 2009.

sábado, 26 de abril de 2008

Tiempos de Capullos, de Carlos Alvarado

Un abejorro zumba y
la inquietud de la primavera
tiembla en el corazón piloso
de las peonias.


De Carlos Alvarado, poema inédito, en especial para este weblog.

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