viernes, 30 de marzo de 2018
Al naranjo callejero [de Carlos Alvarado-Larroucau]
viernes, 3 de mayo de 2013
Mi llavero de Tucumán, poesía de Carlos Alvarado
lunes, 10 de septiembre de 2012
La Lorenza sola, poema de Carlos Alvarado
sábado, 16 de junio de 2012
Villa Nougués, de Carlos Alvarado
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| Agua en los Agapantos |
jueves, 11 de agosto de 2011
Ella (En Amaicha), de Carlos Alvarado
Foto: Cascada El Remate, Amaicha del Valle
Viajo a Amaicha a encontrarla.
Me aguarda en la montaña, sola, enhiesta,
¡Hembra Américana!
Guagua entre las manos.
su mirada me acierta,
dardos de espinas de cardos.
Intento fijarla y se me escapa,
ya no es ella, ahora xérofila,
brilla en su aura de janas.
La grandeza se precipita acelerada.
edito mal las imágenes,
compagino mal los encuadres.
La reencuentro en la plaza,
caja en mano,
cantando coplas
topándose entre polleras
en ese Jueves de comadres.
La escucho mascullar su acullico de sueños,
palabras me receta desde el fondo de su apacheta.
Camino... y ... madre verde en una esquina,
cuando no, derramándote junto al agua.
La busco de nuevo,
fugaz,
maestra, poeta y funcionaria...
me habla con la franqueza de la humana,
Amaicha,
como hermana,
como amada.
Joijoliando un nombre, su nombre
y el de ellas, todas,
La Tierra.
Serpiente entre las piedras,
vientres redondos
percutiendo como cajas...
Ampimpa,
Amaicha,
jueves, 24 de junio de 2010
Medinas, de Carlos Alvarado
Una langosta se cristaliza en el alféizar,
escudriñando el silencio del tiempo partiendo.
Los arrozales se pliegan al capricho de los días
y dulces cañas dibujan sonrisas al pasar.
En el aire flotan jardines que ya no están.
En los ocres del día,
señoriales casonas se desmoronan
mientras los niños chillan, vienen y van.
La Negrita Curi, cicerone, en la iglesia, me cuenta la historia,
el paño del pueblo y los dichos del lugar.
Mi prima Nelly Nieto me señala el camino de mis ancestros
Y las tacuáras que delimitaban nuestra propiedad.
Palpitando, aún brillan del otro lado, como estrellas
las dalias y las rosas de doña Lila Salvatierra.
La biblioteca se pliega por falta de estantes
Décadas visitó sus salas don Ángel Bilavcik
El maestro de ojos azules, oriundo de Monteros.
Azules, los poemas de don Fausto Burgos en remolinos
también salen de allí a buscar su casa de sombra
- La de los muros de cedro
y la del techo moreno de paja de arroz,
la casita de tablas,
la de los limoneros, del jazmín en flor... -
Hay en Medinas un cierto orgullo
una cierta dignidad
la nobleza de los tapetes raídos
que hay en los castillos y en las casas de verdad.
En Medinas cual marca de la inundación
Encuentran
los poetas, de achiras, suspiros
los maestros, aires de tizas y lápices nuevos
y el tiempo, y en sus campos, aromas de un verde despertar.
lunes, 12 de octubre de 2009
El último centauro, de Carlos Alvarado

Se muy bien
donde mueren los centauros
claudicando sobre cascos
nunca herrados
Apoyándose en la lira
bajo el pliegue de su brazo
Allí donde las rosas
son sólo maraña
zarzosa
Su último aliento
se quiebra
petrificado
en el bronce
El sueño de las niñas
sueña al ritmo
del postrer galope
del centauro
Allí donde el último
centauro cede
avanza la insensatez
de las cosas...
miércoles, 3 de junio de 2009
Tiempo de Panes, de Carlos Alvarado

Parece que tengo un hermano panadero
y que tuve un ancestro francés y molinero
con un hijo niño polizonte en los barcos
Huérfano quieto y callado
que trajo recetas de panes y confites
todo mi país fue su batea para amasar
el pan extranjero de su alegría
De algun lado nos viene
esta inclinación blanca como el harina
estas ganas de crecer de levadura
Estos corazones de masa tierna
Estas migas que repartimos a los pollos
De algun lado viene esta esperanza de palabras nuevas
Saco del horno los dorados panes
con palas de maderas quemadas
Panes leudados de blanca espuma
Panes crujientes, y panes blandos
Panes salados. Con higos y con dátiles
Panes de pasas y panes de membrillos
Porque me he vuelto experto en temas de hogazas
saco panes nuevos para mis hermanos suaves.
domingo, 9 de noviembre de 2008
Pirpintos sobre las cañas, de Carlos Alvarado
¿Qué sueño de azúcarsueñan las cañas?
*
Transportado
por pirpintos blancos
saltando y escurriéndose entre los dedos verdes
volcándose como espuma sobre los ríos torrentosos
*
Secretos sueños
dispersos
La ensoñación blanca de las cañas
Blanco pirpinto de la ilusión
*
¿Exhalación o suspiros?
*
Los dedos verdes agitan cielos
como implorando agua
devanando sueños
entretejiendo nanas
en el filo de las hojas
en los flechazos de las janas
*
Pirpintos blancos persiguen brisas
escabulléndose entre las hojas
saltando de rama en rama
allá en lo bajo, besando achiras
y allá en lo alto
entre tapices de enredaderas.
*
Pulpa de pirpintos,
Croar de las ranas,
¿Qué sueño sueñan
Las verdes cañas?
miércoles, 20 de agosto de 2008
Teclas Negras, de María Elisa Gallo
Por momentos encuentro el talento de esa “cantora nocturna” [que fue Alejandra Pizarnik] en las páginas de María Elisa Gallo.
[...]
María Elisa Gallo nos sumerge en un ritmo de marejadas a la simple vista de sus poemas, los que cobran vida desde la forma misma. Ella escribe Teclas negras y al hacerlo también percute teclas blancas, dándonos así los tonos y semitonos de su partitura. Las teclas negras son también bemoles; y en sentido figurado, tener bemoles es tener a algo por grave o dificultoso. María Elisa ha elegido muy bien su título para hacer tañir las cuerdas de los temas graves: La palabra, El agua, El silencio, El espíritu. Las cuatro partes de su libro, que fragmentadas no se aislan, si no más bien entran en un diálogo conmovedor.
María Elisa me previene, diciéndome algo asi como: Mi poesía es algo aterciopelada, tornasolada, por momentos roja como la vida y por momentos negra como el sueño. Al leerla diviso a la tucumana “acantilada”, caminando a puntillas sobre un “sembradío de cerezas negras”, “escal[ando] el muro de [su] escritura con pétalos de agua inmóvil”.
Allí está ella, cuestionando a los viejos ídolos, al señor de los paradigmas, al de la gramática, al de las formas, al del nombre del padre.
[...]
Nos dice Derrida que “el secreto, secreta”, justamente en esta poesía hay una secreción de lo que no está dicho, y también de lo silenciado que nos permite acercarnos al pensamiento sutil de la poeta que deconstruye para mejor construir.
Pero a diferencia de Pizarnik, “la oscuridad verbal ilumina el canto” nos dice María Elisa; intuyo en su poesía esa puerta entreabierta que pareció no encontrar Alejandra.
Estas teclas negras nos ponen de frente con la palabra poética, hay en este trabajo una seria reflexión sobre este sujeto mayor de la poesía. El poeta que no ha reflexionado sobre la palabra poética y sobre los silencios que le oponen resistencia, camina a tientas, inseguro como un ciego primerizo, vacilante por senderos escabrosos.
La cuidada poesía, en el fondo y en la forma, donde María Elisa Gallo pone el alma pero también el cuerpo, nos arrebata con la fuerza vertiginosa de los torbellinos. Esta primera obra es ya en sí misma toda una consagración. El tiempo y su futuro trabajo (el cual sé sesudo) ubicaran a María Elisa Gallo entre las preferidas musas de los argentinos. Quiero cerrar esta lectura con versos de María Elisa:
“Las palabras no manan del silencio
sino del pequeñísimo temblor en mi corazón”
Carlos Alvarado
lunes, 7 de julio de 2008
Rama de Almendro, de Carlos Alvarado

***
Poema inédito de Carlos Alvarado, en especial para este blog. ©Carlos Alvarado, 2008.
sábado, 26 de abril de 2008
Tiempos de Capullos, de Carlos Alvarado
Mejor blog de Poesía 2008
Premio 34ª Feria del Libro, 2008






